lunes, 13 de agosto de 2012
Ywriter: la mano derecha del escritor organizado
Su nombre es Ywriter y ya va por la versión 5. Es un programa creado específicamente para escritores y ha sido desarrollado por Symon Haynes, un escritor que programa (o un programador que escribe), que es además un reconocido autor de ciencia ficción en su país.
Además es gratuito, todo un lujo. Aunque el programa está enfocado para el novelista, lo cierto es que resulta una herramienta muy útil para abordar cualquier texto estructurado ya sea una tesis, un ensayo o un manual.
No es un simple procesador de textos, sino un completo gestor de información capaz de organizar todos los elementos que conforman nuestro trabajo: el texto escrito, los personajes, las localizaciones y objetos importantes, notas, imágenes...
Está pensado para reducir al mínimo las distracciones y tener siempre a mano y organizados todos los elementos de nuestra narración, por lo que la interfaz de trabajo puede parecer a primera vista poco amigable. Sin embargo, es una impresión pasajera: el programa es sumamente intuitivo.
yWriter no escribe por uno, no da ideas, no construye frases... yWriter te ayuda a organizar tu información para que puedas darle forma de relato.
A grandes rasgos, éstas son las funciones del programa:
— Organiza tu novela a partir de un proyecto.
— Añade capítulos a tu proyecto.
— Añade escenas, personajes, objetos y lugares.
— Muestra el contador de palabras para cada archivo del proyecto y la cantidad total.
— Guarda un fichero "log" cada día mostrando las palabras por archivo y el total (para que evalúes tu progreso).
— Guarda copias de seguridad automáticas según un intervalo definido por el usuario.
— Permite múltiples escenas dentro de un capítulo.
— Muestra las escenas desde la perspectiva de un personaje, así como los objetivos, conflictos o soluciones definidos en los campos creados al efecto.
— Múltiples personajes por escena.
— Muestra el "Storyboard" o guión gráfico, un esquema visual de tu trabajo.
— Reordena escenas dentro de los capítulos.
— Arrastra y Suelta para capítulos, escenas, personajes, herramientas y lugares.
— Renumeración automática de capítulos.
— Traducción a varios idiomas, entre ellos el español, el catalán, el gallego y el aragonés.
El programa viene también en español y puede ser utilizado desde un pendrive. Una joya que cualquier escritor debería probar. Gracias a Miguel por el aviso.
Enlaces:
Sitio oficial
Manual en español
jueves, 7 de junio de 2012
Ray Bradbury: Adiós al más marciano de los escritores de la Tierra
Ray Bradbury: Adiós al más marciano de los escritores de la Tierra
Por Federico Kukso. ESPECIAL PARA CLARIN
El autor de “Fahrenheit 451” murió en Los Angeles, a los 91 años. Hizo de la ciencia ficción un espejo donde ver la sociedad.
Y un día Ray Bradbury murió. El legendario escritor de ciencia ficción que deseaba vivir para siempre, el fanático de los trenes y Moby Dick, el fóbico a los e-books y los aviones, el Quijote de las bibliotecas, el ser humano más marciano falleció ayer a la mañana en la ciudad de Los Angeles, Estados Unidos, a los 91 años, según confirmaron su agente Michael Congdon, su biógrafo Sam Weller y Danny Karapetian, uno de sus ocho nietos, quien no resistió la tentación y escribió en Twitter: “fue el chico más grande que conocí”.
Su biografía dice que nació en Waukegan, Illinois, en 1920. Pero como pocos autores, Bradbury fue un hombre sin tiempo. Su obra –que torció el imaginario del siglo XX– lo certifica: después de debutar a los 18 años en un fanzine llamado Futuria Fantasia, visitó una sociedad hipertecnológica donde los bomberos queman libros (Fahrenheit 451, 1953), acompañó durante el verano a un chico de 12 años llamado Douglas Spaulding (El vino del estío, 1957), pegó varios saltos temporales (El hombre ilustrado, 1951), explicó poéticamente uno de los caballitos de batalla de la teoría del caos, el efecto mariposa, en su cuento El Sonido del Trueno (1953) –homenajeado por Los Simpson– e inspiró a varias generaciones de astronautas con sus relatos espaciales y sus Crónicas Marcianas (1950).
Así como no se puede comprender la Inglaterra de la revolución industrial sin Charles Dickens, no se puede concebir la exploración espacial sin Bradbury, su gran poeta, que con sus moralejas y visión esperanzadora de la especie humana guió el camino a las estrellas. “Nuestra genética nos impulsa hacia arriba, nos eleva hacia afuera –decía–. No podemos resistirnos al impulso de dejar una pisada en Marte”.
Decir que Bradbury fue sólo un escritor de ciencia ficción es decir tan poco como que Shakespeare escribía en inglés. No hubo género que pudiera contener su imaginación. Además de su obsesión por el futuro, escribió relatos de horror, humor, misterio, ensayos sobre su arte favorito (Zen en el arte de escribir) y obras de teatro.
El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ayer tuvo palabras para él. “Su don para contar historias ha remodelado nuestra cultura y ha ampliado nuestro mundo”, dijo en un comunicado. Y subrayó que Bradbury entendió que la imaginación “se podía utilizar como una herramienta para mejorar la comprensión, como “un vehículo para el cambio”.
Como sus colegas y amigos Sturgeon, Heinlein, Clarke, Asimov, Le Guin y compañía, Ray Bradbury –con cuyo nombre se bautizó un asteroide y que pidió que sus cenizas sean esparcidas en Marte– introdujo la ciencia ficción al torrente sanguíneo de la literatura universal. Demostró que no era un género pasatista e ingenuo sino un campo de juego para la imaginación, el espejo distorsionado donde la sociedad podía ver reflejada sus horrores. Más de ocho millones de copias de sus libros fueron vendidas. Cada una fue una nave espacial, una máquina para viajar en el tiempo.
Los premios literarios le fueron esquivos. Nunca ganó el Nobel ni el Pulitzer, aunque recibió una mención especial de este último en 2007, tras sobrevivir a dos derrames cerebrales, perder la visibilidad de un ojo y volverse casi sordo.
Aún así, Bradbury nunca tiró la toalla. En los últimos años, se las ingenió para asistir a cuanta convención de ciencia ficción o feria del libro lo invitaran, donde pataleaba contra sus enemigos íntimos: los libros electrónicos, las computadoras e Internet. De los primeros decía: “Hay sólo dos cosas con las que uno se puede acostar: una persona y un libro”. Aunque también recomendaba: “Consíganse una vida. Entren a una biblioteca de verdad, naden en el acuario del tiempo, toquen los libros, abran los libros, huelan los libros. Llamen a su gato para ayudarlos a matar el mouse de su notebook. Apaguen todo”.
Detractor de la educación formal y lector de Pie, Julio Verne, Edgar Rice Burroughs, Thomas Wolfe y Ernest Hemingway, un autor como él no podría haberse ido de otro modo: con el tránsito de Venus frente al Sol aún presente en la retina de millones de personas que crecieron con sus palabras y sus sueños.
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lunes, 1 de febrero de 2010
J. D. Salinger (1919-2010)
Murió uno de los escritores más misteriosos del siglo XX. Poco se conoce de Jerome David Salinger, sobre todo lo acontecido desde los años sesentas en adelante, pero sí lo suficiente como para transformarlo en un personaje de culto. Una sola novela publicada le bastó para pasar a la posteridad: The Catcher in the Rye (El guardián entre el centeno, 1951). Dicha obra generó en su momento amores y odios: debido a su lenguaje desenfadado y los acontecimientos relatados, muchos intentaron censurarla mientras otros, académicos, la exponían como material de estudio en sus clases.
El guardián entre el centeno, la historia de un adolescente rebelde que descubre que el mundo es peor de lo que imaginaba, ha sido asociado al accionar de famosos asesinos que lo tenían como libro de cabecera: David Chapman, lo llevaba consigo en el momento de asesinar a John Lenon, y John Hinckley Jr, que atentó contra Ronald Reagan en 1981, también declaró ser fanático del mismo.
“Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar a donde van, yo salgo de donde esté y los agarro Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.”
J.D. Salinger, El guardián entre el centeno.
Enlaces:
Obra casi completa (inglés y español, no chequeada)



